Punzada

La soledad de la noche se hacía presente en las profundidades del desierto; mientras Miguel malhumorado y tambaleante caminaba a un lado de la carretera alumbrándose con una pequeña linterna.

Su f100 que había quedado en pana; estaba en manos de su jefe, quien prefirió castigar a su empleado enviándolo solo en busca de ayuda.

El inicio de una tormenta de arena, obligó a Miguel olvidar los caprichos de su patrón y comenzar a buscar refugio.

A lo lejos logró vislumbrar una capilla solitaria. Sin pensarlo dos veces corrió en dirección a esta y entró en ella. Su espeluznante interior no pudo más que perturbarlo. Continue reading →

«Aquella mañana caminaba a paso ligero para no llegar tarde a mi primera clase, entonces todo lo que me rodeaba perdió interés porque en ese preciso instante lo vi, su bicicleta nunca se detuvo y yo fui incapaz de alzar la voz para llamarlo, pero lo vi y ese sentimiento de dicha jamás quise apartarlo de mi lado».

«El Suspiro de la Bailarina»