«Aquella mañana caminaba a paso ligero para no llegar tarde a mi primera clase, entonces todo lo que me rodeaba perdió interés porque en ese preciso instante lo vi, su bicicleta nunca se detuvo y yo fui incapaz de alzar la voz para llamarlo, pero lo vi y ese sentimiento de dicha jamás quise apartarlo de mi lado».
«El Suspiro de la Bailarina»