Cortesía

Corre el año 1916 y el cañonazo de las 12 anuncia el medio día en la capital. Frente a una plaza se vislumbra un gato que camina por ella. De súbito se detiene y observa cauto a un hombre joven que toma asiento sobre una banca mientras algo tosco abre el periódico que lleva bajo el brazo.

El gato, continua con la vista fija en el sujeto hasta que este se percata de su presencia. Alberto lo observa curioso por unos segundos, pero luego regresa a su lectura.

El sonido de pasos agitados interrumpen al joven, con enojo observa al responsable: Una muchacha un poco menor que él, cuyo caminar termina con una abrupta caída en el suelo.

La señorita permanece arrodillada un momento. En silencio recoge sus pertenencias hasta que la mirada de Alberto llama su atención. La joven al ver al caballero; espera a que este vaya en su auxilio, sin embargo, Alberto solo regresa a su periódico.

Molesta Eva se pone de pie; recoge sus cosas, arregla su vestido y toma asiento junto a Alberto mientras revisa las llagas de sus manos.

Alberto, entre tanto, intenta continuar con su lectura, pero es imposible. Aquella joven le desconcierta, mas no se atreve a observarla. Confuso niega varias veces hasta que sus ojos se posan sobre el gato que aún no se marcha. Trata de esquivar la mirada, pero entonces el felino mueve su cabeza en dirección a Eva. Perplejo, Alberto decide observar a la joven que llora en silencio. Incapaz de hacer algo mira al gato por inercia; con asombro observa que esta vez el felino niega de un lado a otro.

Alberto se pone de pie con espanto; sin preocuparse por la muchacha recoge su periódico, lo arruga y lo bota en el basurero más próximo.

Eva escucha al caballero marcharse. Ahora sola, cubre su rostro. <<Insufrible…>>

Un fuerte carraspeo provoca que la joven levante brusca la mirada. Frente a ella; un pañuelo blanco en la temblorosa mano de un hombre.  La sorpresa es grande al notar que se trata de Alberto. Eva avergonzada y nerviosa agradece su ayuda. El joven luego de suspirar aliviado, realiza una pequeña reverencia.

Alberto con cautela mira tras suyo, el gato aún lo vigila. Ahora tranquilo; lo saluda con cortesía, el gato le devuelve el saludo con una ligera inclinación de cabeza, entonces se pone de pie y elegante se marcha hasta perderse de vista.

 

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