Remembranza

El calor del fuego teñía el salón de colores anaranjados y cálidos. Sin embargo, lejos se encontraba ya de ser una agradable escena. Melancolía, tristeza… Desconsuelo. El ardor del corazón herido cuyo palpitar inquieto presiona la garganta con fuerza. Lágrimas que sin poder evitarlo caían en silencio por sus mejillas…

Luisa solitaria lloraba en silencio. Nadie quedaba ya que la acompañase en sus lamentos, nadie deseaba ya que la viera desahogar su tristeza.

Con cierto gesto cansino, cogió el periódico que hacía minutos observaba desde las sombras. Lo ojeó sin interés, aunque sus manos temblorosas arrugaban sin esfuerzo cada una de las páginas. <<Ya no puedo más…>>Se dijo y sin poder soportarlo tiró el periódico al otro sofá…

-Sabe bien cuanto le molesta a la señora Hurtado que tire los periódicos como si fueran boomerangs…-expresó Hans que sentado en el sofá había tratado de leer sin ningún éxito las últimas noticias del día.

Luisa esbozó una sonrisa maligna y se encogió de hombros. Ágil tomó asiento en el reposabrazos. Hans sonrió y sin evitar también mirar raudo hacia la puerta atrapó a la muchacha por la cintura y la atrajo hacia su cuerpo. La joven no puso resistencia. Sentada en las piernas de su querido entrelazó sus brazos en su cuello acortando más la distancia. Tenerlo tan cerca alteraba sus sentidos, le provocaba mil y un sensaciones. Quería abrazarlo, sentir su olor, besarlo con locura. Sonrojada trató de hacer lo último, pero el joven caballero, burlón interpuso una de sus manos para presionar la nariz de la muchacha como si fuera una bocina.

-Ja-ja…-dijo fingiendo molestia-Bien-indicó poniéndose de pie-tú te lo pierd… 

Pero Hans tomó su brazo y sin mucho esfuerzo la atrajo una vez más hacia si para tomarla suavemente por la espalda y besarla profundamente. Su sabor exquisito, así como el roce de su lengua, la llevaban a mundos fugaces y desconocidos. Erizaba su piel y removía sus entrañas.  

-Ya…ya…-dijo ella dando ligeros golpecitos sobre su hombro y tomando distancia. No podía evitar sonreír, Hans tampoco.

-No toda… 

Pero pasos cercanos los obligó a separarse al instante. Luisa tomó asiento en el sofá opuesto y sin que Hans lo esperara, le lanzó el periódico a las manos. Hans tuvo suerte de haberlo atrapado, no tanta cuando el señor Hurtado indicara cuan interesantes debían lucir las noticias para leer el periódico al revés. 

-Comprendo que el mundo esté de cabeza muchacho…pero, honestamente-dijo mirando divertido las expresiones acaloradas de ambos.

Ninguno pudo fingir seriedad demasiado tiempo. Las carcajadas se escuchaban hasta más allá de la cocina…

La puerta del hall se abrió lentamente sacando a Luisa de sus pensamientos. Tomás, que había estado trabajando todo el día en su primer caso como abogado, llegaba al cité con expresión cansada y lleno de carpetas y libros. Sonrió al ver a Luisa sentada en el sofá.

-Pensé que ya estarías acostada-indicó entrando en la sala-Finalmente hemos terminado de revisar todo con mi cliente… Vamos por buen camino ¿Sabes? –expresó entusiasta-Puede que ganemos después de todo…

Lucía radiante. Cansado, pero radiante. Aquel muchacho rico e inseguro ya había quedado en otros tiempos. Luisa quiso sonreír, pero las lágrimas triunfantes corrieron por su rostro.

-Hey… Hey… ¿Qué pasa? –exclamó Tomás preocupado.

Luisa rompiendo en llanto se levantó de su asiento y corrió a abrazar al muchacho. Tomás sospechando el motivo de dolor de su amiga, tan solo se atrevió a consolarla.

-Es que…-trató de explicar-Es que…-Pero las palabras ya no salían su boca.

-Ya…ya… Shhh tranquila… Tran-quila…-dijo el muchacho tan calmado como su molestia en aumento le permitía. Al día siguiente se levantaría temprano, a pesar que era el único día que no debía hacerlo. Sin embargo, darle una buena reprimenda a Hans Olavarrieta era un buen incentivo, sobretodo si ello permitía que su querida Luisa volviera a sonreír otra vez.

El dulce canto de la moraleja

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