Lo obvio y lo incierto

—Supongo que la equivocación ha sido mía esta vez. Pensé con certeza que miss Laura, la sobrina de Eusebio era una dama bien distinguida…pero considerando los acontecimientos…

— ¿Sobrina?—Exclamó Rodrigo dejando a un lado el trozo de beef-teak que acaba de pinchar con su tenedor—Creí escuchar que era su hija.

Su padre, cuya calvicie y redondez impedían que se le comparara a su propio hijo, negó divertido.

—Es lo que ocurre cuando muchachos como ustedes prestan más atención a los vestidos de las señoritas, en lugar de escuchar lo realmente importante.

Su esposa, sentada al lado opuesto de la mesa, abrió los ojos ante el grosero comentario de su esposo, sin embargo permaneció en silencio. Su marido continuó su discurso.

—Siempre me referí a ella como la sobrina de Eusebio, pero éste se ha hecho cargo de ella hace muy poco tiempo… No han tardado en encariñarse con ella, por esa razón la trata como una hija.

—Pero de quienes he escuchado mencionarla se refieren a ella como la hija de…

—Todos aquellos que rondan bares y quintas de recreo—lo  interrumpió su padre con sorna—Bien supongo, aquellos muchachos que no hacen más que denigrar a la sociedad con sus aspiraciones sociales e inconsecuencias mundanas… ¡Aquellos siúticos que sueles frecuentar y al igual que tú viven con la cabeza en las nubes!

—Rafael…—intervino la madre de Rodrigo. Éste dio un suspiro, no obstante prefirió no molestarse. Su padre siempre buscaba oportunidad para sacar en cara las malas decisiones de su hijo. Rafael moviendo de un lado a otro su bigote, carraspeó.

—Bien, bien… A fin de cuentas has actuado bastante bien hoy… Eusebio me informó esta tarde lo agradecido que está porque has rescatado a su sobrina de cuan grave accidente.

— ¿Grave accidente dices?—exclamó Rodrigo.

—Así es—respondió su padre sorprendido de la reacción del joven—Al parecer la muchacha regresaba a casa cuando distraída en sus pensamientos un vehículo (monstruosidad mecánica a la jamás accederé a pagar Rodrigo…realmente…)se detuvo a esto—dijo mostrando su índice y su pulgar a menos de un centímetro de distancia—de…mejor no decirlo—expresó dando un sorbo de su copa, carraspeó—Bien…—suspiró—la muchacha del espanto tan solo consiguió tropezar con la acera…

—Espantoso…—comentó la madre negando un par de veces mientras cubría su boca con la servilleta.

 Rodrigo asintió con franqueza. Quién habría podido imaginar que la causa de su alterado comportamiento fuera cuan desafortunado evento. Casi se sintió un tonto por haberla juzgado mal en ese momento, entonces se perdonó a si mismo debido a que en aquel instante él desconocía los hechos que le acontecían.

—Lo que podemos decir a favor—continuó su padre—Es que finalmente has podido conocer a aquella señorita…

La dureza en su tono de voz y la forma en que cortaba su trozo de carne, dieron a entender a Rodrigo que su padre de alguna forma lo había descubierto. Dio un suspiro.

— ¿Cómo…?

Rafael alzó sus pobladas cejas. Aquella expresión en sus ojos era más clara que mil respuestas. “No preguntes estupideces” era corto comparado a los mil sinónimos que habría expresado si su mujer no hubiese estado presente.

—Ya veo…—dijo Rodrigo bajando la mirada hacia su plato nuevamente. De pronto aquellos ojos llorosos y mejillas sonrojadas regresaron a su memoria—De todas formas…—expresó  aclarando su garganta—Espero la señorita…Riquelme se encuentre bien… Tal vez sería sensato ofrecerle…—volvió a aclarar su garganta. Negó con su mano. Sonrió—Olvídenlo.

Su padre lo observó en silencio un momento, así mismo lo hizo su madre. Se preguntó que estaría pasando por sus cabezas en ese instante, sin embargo más le preocupaba lo que estaba pasando por la suya. ¿Acaso había pensado en ir a su casa a ver como se encontraba? ¡Acaba de conocerla por todos los cielos! ¡Había planeado toda una semana como evitar aquel almuerzo! De ninguna manera pensaba en conocerla. Y aun así…

—Aun así…—se dijo en voz alta una vez de regreso a su cité. Los hermosos ojos de aquella joven no se apartaban de su cabeza. Su aroma…su piel…sus palabras sin sentido. Todo lo que ella representaba lo alteraba. Sería posible que…— ¡Imposible!—exclamó<<Acabo de conocerla… Acabo de conocerla…>>

Extracto Capitulo 2.

La forma más correcta de decir lo mismo.

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