Buenos días. El motivo de esta carta es comunicar que desayuno en Roma. Sí, en Roma. Lo puedes creer? Hace dos años no lo hubieras imaginado. Era desayuno buffet, podía comer lo que quisiera y lo primero que elegí fue un huevo duro. Jajaja. Es que las raíces jamás se olvidan y comer un huevo duro en la mañana es tan delicioso que tantos días sin comerlo incluso me pone triste. La yema era de un color amarillo fuerte, delicioso como aquellos que mi mamá prepara alimentando a las gallinas con harto zapallo. El zapallo dicen, es buena fuente de color para la yema del huevo. También las chinitas. Por años pensé que a chinitas se referían al insecto, no quise comer huevo por años hasta que supe que era una flor.
Así, mientras más amarilla la yema más sabroso el huevo, también más comedora la gallina. Porque yema clara, gallina siútica, que come puro alimento procesado, le da flojera comer bichitos y verduras. Se pueden distinguir fácilmente, suelen ser flacas y de cuello estirado. Conozco a un par de personas así. No es que las compare con una gallina, pero es que las gallinas son muy parecidas a las personas. Rara vez se atreven a hacer algo por su cuenta, solo si una se arriesga a comer una verdura nueva, las otras la siguen. Por eso son estiradas, les gusta mostrar indiferencia frente al mundo, son ciegas de noche y solo caminan cuando tienen luz al frente, prefieren lo claro. Como las yemas que sacan cuando solo comen alimento procesado, diferente a las otras gallinas, que comen verduras y sus yemas son amarillas. Amarilla coloreada como las que cría mi mamá que me espera al otro lado del mundo. Bueno, no me espera. Duerme por la diferencia horaria. Acá mientras tanto; el mesero me trata amable, me llama princess, con su acento italiano y su inglés extraño. En las puertas de Roma, con un músico que toca algo similar a un acordeón, junto a los héroes míticos cuya esencia aún se respira en el aire y se imponen en monumentos preciosos y atemporales.
Atte.
Tu futuro.