Los beneficios de comer almendra

Su boca sabía a almendra. Con los dedos atrajo la camiseta de aquel torso semi encorvado, mientras él, sintiendo el perfume de su cuello, abordó su espalda con ambas manos.Al abrir los ojos, ella trató de observar a través del marco de aquellos gruesos anteojos sus largas pestañas. Las amaba. Las amaba y las celaba. Llamaban demasiado, otorgaban cierto encanto a otras que, de vez en cuando, lo vigilaban con sigilo.

-Mmm…-insinuó él. Saboreaba el beso con deleite, una mezcla entre el fruto del cual nada quedaba y el dulzor del labial que alzaba el color de esos labios carnosos que tanto le gustaban. Los amaba y los celaba. Llamaban demasiado, incitaba a otros que de tanto en tanto la vigilaban con cautela.

-Están buenas-dijo ella.

Él sonrió con malicia.

-Lo sé-metió su mano al bolsillo-¿Quieres más? -y antes que ella reaccionara, introdujo dos almendras a su boca.

Daniela Olavarría Lepe

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