Solo quería que la invitara un café. Lo imaginaba de distintas maneras, incluso sin ser necesariamente una bebida. Era sentarse un momento y charlar. Conversar de algo interesante o un par de burradas. Reírse de ellas o terminar en silencio. Pero no un silencio incómodo, sino aquel que dices todo a través de la mirada.
Daniela Olavarría Lepe