Antelación de una visita

Fue una de las noches más calurosas de todo el verano.

A las tres de la madrugada, cuando el celular indicaba una máxima de veinte grados, dormir sobre la cama con el ventilador encendido era la solución más sensata.

Las luces apagadas, el silencio roto solo por el reloj y el canto de los grillos, llamaba al sueño en aquel lugar alejado de la vida citadina y llena de matices.

Era una casa pequeña, donde apenas vivían tres mujeres, aunque tan solo una se encontraba presente. Irene, que alerta cuidaba de la casa mientras su madre y su hermana salían de vacaciones unos días, trataba de conciliar el sueño sin mucho éxito.

<<No pienses—se decía una y otra vez—cuenta ovejas…una, dos, tres…¿Estarán dando alguna buena película en el cable? Podría escribir un poco…Tal vez si comienzo a pensar sobre el próximo capítulo de mi…>>

El extraño movimiento de su cama la puso en alerta. Supuso entonces que se trataba de un ligero temblor, por lo que una vez más cerró los ojos.

Con todo, el temblor no se detenía.

<<Es demasiado largo—se dijo tomando asiento—Es un terremoto…>>

Alcanzó a ponerse de pie y llegar al arco de la puerta, cuando una sacudida que no esperaba la elevó en el aire. Apenas pudo mantener el equilibrio. En la oscuridad, escuchaba el crujir de las ventanas, la caída de los platos y los muebles. Los perros ladraban, los gatos corrían por el techo y escapaban quien sabe dónde. Pudo tomar la linterna en su escritorio y entre tropiezos avanzó por el pasillo iluminando de un lado a otro. Pronto encontró a quién buscaba. Era una perra pequeña, de tres años y similar a un Jack Russell. Lucía indefensa y temerosa, sus ojos vidriosos intentaban comprender qué estaba ocurriendo. Oculta entre los sillones, gemía de miedo e incertidumbre.

El movimiento no se detenía, resonaban las pareces y ventanas. Platos y vasos caían en la cocina.

-Ya…tranquila—dijo tomando a la pequeña con una de sus manos y sosteniendo la linterna con la otra. El movimiento se hizo calmo. Algo aliviada se trasladaba a la salida de la casa cuando el sonido similar al vuelo de un avión la tomó por sorpresa.

El sonido aumentaba en fuerza y velocidad. Se asustó. La perra temblaba y generaba sonidos quejosos. Sin soltar al animal, corrió al patio de su casa. O era una réplica muy fuerte, o…

Miró al cielo. Un avión comercial, con las alas más grandes que había visto, caía directamente hacia su casa.

<<MIERDA>>

Un grito general se escuchó en las cercanías, no era la única que lo había visto. Por instinto quiso correr hacía el lado contrario, mas solo atinó a mirar boquiabierta como aquel avión atravesaba el cielo para estrellarse directamente en el terreno aledaño al suyo.

El fuerte impacto remeció el suelo, tanto como aquel terremoto ocurrido a las 3:34 a.m. del 27 de febrero del 2010.

Daniela Olavarría Lepe

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