Sobre mí

No nací escritora… Tampoco lectora. Arrendar una película cada viernes en el club de video más cercano era el gran panorama de la semana. Me hacía feliz, inmensamente feliz. Aquellos días fríos y lluviosos del sur de Chile, creaba un ambiente maravilloso mientras, acurrucada en un sillón, escuchaba las gotas de lluvia golpear el techo junto con el constante sonar de la cinta de video en el VHS.

Me gustaban entonces las películas y en la adolescencia, los libros de Harry Potter. Fue entonces cuando realmente empecé a leer, siempre buscando un libro que me emocionara tanto como el fantástico mundo de J.K. Rowling. Para ese entonces buscaba historias de amor, y Jane Austen llegó a mi vida.

Ficción… Acción, fantasía…  Romance. Me encantaba el romance, el romance y la historia. Un día encontré todo eso en un animé… Jaja Sí, en un animé. No obstante, su final me decepcionó tanto que quise aunque sea por mi deleite, reivindicar el final del personaje secundario que me había gustado tanto. 3 años después de eso, me encontré terminando un libro de 628 páginas que nada tenía ya de la historia que había querido reescribir.

Para ese entonces no podía parar. Se había hecho parte mí y a pesar que muy poca gente leía lo que escribía, era el deleite de revisar mis palabras lo que me enamoraba más y más de este arte. Un nudo en la garganta constante… Saber lo que un personaje iba a decir apenas pasaba al párrafo siguiente…

Por años tuve en mi cabeza crear un sitio donde pudiera mostrar parte de lo que hago. No tenía que ser perfecto, solo tenía que ser mío. Cuando finalmente decidí hacerlo, las trabas fueron otras… ¿Y cómo organizo lo que tengo? ¿Y cómo me llamo? Fue lo primero que pensé… ¿Acaso quería un seudónimo? ¿O me quedaría tan solo en la búsqueda de un nombre y nada más que eso?

«Necesito algo con qué empezar… Algo que sea más que solo una idea…»

Fue el recuerdo de un sabor cotidiano que me entregó repentinamente la respuesta:

«Sabor a moka», pensé… Aquello por lo que últimamente me he obsesionado en la oficina. Sonreí. Aquella mezcla de chocolate y café me tenían la cara llena de granos y aun así su sabor no lo reemplazaba por nada. Era perfecto. Así como escribir. Así como las letras…

Daniela Olavarría Lepe