El experimiento

Era un experimento social universitario. 

Nada más que eso.

Las consecuencias del experimento, no.

-¡TU! Sí. ¡Tú eres el culpable! ¿Qué haces mirando de un lado a otro? ¿Con qué cara te haces el desentendido? Mentiroso. Maldito hijo de puta. Conchadesumadre. Ojalá le vuelven la raja cuando te metan en la cárcel. 

Los peatones se detenían con el paso del discurso. El reloj marcaba la hora punta en la estación del metro donde se aglomeraba los pasajeros esperando tomar el siguiente tren. Algunos sacaban sus celulares. Otros pasaban de largo. El “espectáculo” era evidente. Una joven que no tenía más de veinte años, cubierta de piercings y el cabello de verde, rosa y naranjo, acorralaba a un sujeto de gruesa figura. Aparentemente era un caballero y lo era. Tenía cerca de sesenta años y estaba pronto a jubilarse. Era un hombre de bien. Pagaba los impuestos, llevaba más de 40 años trabajando para la misma empresa y todos los días sacaba a pasear al perro. Por esos días, no sacaba el auto muy a menudo. Prefería caminar. También porque los combustibles estaban muy caros y necesitaba ahorrar dinero. Eran tiempos difíciles. Pero, así no más tocaba. Había que gastar menos y seguir el día a día siempre con buena disposición y una sonrisa. 

Como fruto de su buen carácter, minutos antes siguió a la joven por todo el andén para retornarle un billete de cinco mil pesos que ella había dejado caer al suelo. Le pareció extraño que una joven dejara caer un billete a propósito, menos cuando la plata no abundaba. Sin asumir más pensó que solamente tenía la mochila abierta. El hombre siguió a la chica por todo el andén y cumplió su objetivo. Al recibir el agradecimiento de la muchacha, sonrió amable. La historia se la contaría a sus hijos y a su señora, que ese día lo esperaba con un queque y manjar casero. 

Fue cuando inició el experimento:

La niña deformó su expresión y pegó el grito en el cielo.

-¡TU! Sí. ¡Tú eres el culpable! ¿Qué haces mirando de un lado a otro? ¿Con qué cara te haces el desentendido? Mentiroso. Maldito hijo de puta. Conchadesumadre. Ojalá le vuelven la raja cuando te metan en la cárcel. 

El hombre quedó congelado. No entendía nada. Sus pulsaciones estaban aceleradas. Sentía la atención del público y quienes comenzaban a grabar con sus teléfonos. Debía pedir disculpas. ¿De qué? ¿De qué pediría disculpas? ¿Qué había hecho él para generar la reacción de la muchacha? Entonces entendió. ¡El billete! ¡La joven pensó que le estaba robando!

-Perdón, perdón. No fue mi intención. ¡Fue un malentendido!

-¡Malentendido saco’wea! ¿Cuándo me violentaste? ¿Cuándo pasaste a llevar mis derechos?—la joven lo empujó. El hombre acorralado mantenía sus manos alzadas. Se sentía un ladrón descubierto en pleno asalto. Quiso detenerla, decir “por favor, para”y lo hizo. Extendió los brazos hacia ella—¡Me pegaste maricón! ME PEGÓ. 

-¡Le pegó!

-¡Funen al weon!

Y la gente comenzó a hablar. Unas con otras. El guardia se acercó a interrumpir. ¿Qué pasa aquí? ¿Qué pasa? Señor, por favor, acompáñeme. 

Pero el hombre apenas cabía en sí. Era un buen hombre. Era un hombre de bien. Era amable, pagaba sus cuentas. Llevaba más de cuarenta años trabajando en la misma empresa. Tenía hijos, pronto sería abuelo. Jamás había tocado un pelo a su mujer. Era feliz. ¿Por qué esa hija de puta lo maltrataba así?

-¡VAYANSE A LA MIERDA!—exclamó exasperado y a empujones se fue rumbo al tren que acababa de detenerse. Empujó, empujó. Maldijo a todo el mundo. No alcanzó a ver a la joven que lo detenía para pedirle disculpas. Que sólo era una broma. «Perdón señor, era tarea de la U». Tampoco al público que tenía opiniones dispares. 

Era un experimento, sí. Pero las consecuencias de éste, no. Quienes grabaron con sus teléfonos, subieron pronto el video a las redes. Jamás supieron que era un montaje. Quienes lo vieron, asumieron que el sujeto era un tipo estresado de la vida. Otros que era un viejo verde que se había propasado con la joven. Los haters llamaban a funar al sujeto asqueroso que se había aprovechado de la joven inocente. Otros pronto llamaron a generar un par de memes. Quienes lo vieron entrar al metro lo miraron con desprecio y lo hicieron a un lado. El sujeto no era de fiar. Era un maldito que se había propasado con la niña y lo habían encarado. Un tipo de gorra y gafas se acercó a él en la estación cerca de su casa. Lo había seguido todo el camino. Lo insultó durante el viaje y él, enojado, también. Un amigo del sujeto de gorra quiso defender a su amigo. Entre los dos, siguieron al sujeto del experimento hasta su casa. Con todo, el experimento ya se había terminado, pero las consecuencias de éste, jamás. 

Daniela Olavarría Lepe.